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 ALZHEIMER

ALZHEIMER

El Alzheimer es una alteración neurodegenerativa primaria que suele aparecer a partir de los 65 años, aunque también puede presentarse en gente más joven. “La enfermedad de Alzheimer es una patología neurodegenerativa que se produce por el acúmulo patológico de unas proteínas en determinadas zonas del cerebro. Esto hace que se produzcan síntomas que dependen de la localización del depósito de esas proteínas en esas regiones cerebrales”

Cuando una persona padece la enfermedad de Alzheimer, experimenta cambios microscópicos en el tejido de ciertas partes de su cerebro y una pérdida progresiva, pero constante, de una sustancia química vital para el funcionamiento cerebral, llamada acetilcolina. Esta sustancia permite que las células nerviosas se comuniquen entre ellas y está implicada en actividades mentales vinculadas al aprendizaje, memoria y pensamiento.

CAUSAS

El Alzheimer se produce debido a la reducción de la producción cerebral de acetilcolina (un neurotransmisor), lo que provoca a un deterioro en el rendimiento de los circuitos colinérgicos del sistema cerebral.

Es difícil determinar quién va a desarrollar la enfermedad de Alzheimer, puesto que se trata de una alteración compleja, de causa desconocida, en la que, al parecer, intervienen múltiples factores. Estos son algunos de los elementos que pueden aumentar las probabilidades de padecer esta patología.

Edad: La edad media de diagnóstico se sitúa en los 70-80 años, puesto que la edad es el principal factor de riesgo para desarrollar esta enfermedad. Aunque no es lo más frecuente, también puede comenzar en torno a los 50 años, y puede producirse incluso en torno a los 30-40 años, en aquellos casos que obedecen a causas genéticas. Sin embargo, el hecho de que se asocie con la edad no significa que envejecer conlleve desarrollar Alzheimer.

Sexo: Puesto que la esperanza de vida es mayor en mujeres, el número de casos en este grupo de población es tres veces mayor respecto a los hombres. Según la SEN, se prevé que el número de afectados en ambos sexos aumente considerablemente en los próximos años debido  precisamente al envejecimiento poblacional.

Herencia familiar: la enfermedad de Alzheimer familiar -una variante de la patología que se transmite genéticamente-, supone el 1% de todos los casos. No obstante, se estima que un 40% de los pacientes con Alzheimer presenta antecedentes familiares.

Factor genético: varias mutaciones en el gen de la proteína precursora amiloidea (APP), o en el de las presenilinas 1 y 2. También podría asociarse con mutaciones en el gen de la apolipoproteína E (APOE). Esta proteína está implicada en el transporte y eliminación del colesterol. Según las investigaciones, la nicastrina activaría la producción del beta amiloide.

Factores medioambientales: el tabaco se ha mostrado como un claro factor de riesgo de la patología, al igual que las dietas grasas y la salud cerebral está íntimamente ligada con la salud cardiovascular. 

SÍNTOMAS

En un principio, surgen pequeñas e imperceptibles pérdidas de memoria, pero con el paso del tiempo esta deficiencia se hace cada vez más notoria e incapacitante para el afectado, que tendrá problemas para realizar tareas cotidianas y simples, y también, otras más intelectuales, tales como hablar, comprender, leer o escribir.

Síntomas neurológicos

La enfermedad de Alzheimer afecta a la memoria en sus diferentes tipos. Estos son los deterioros sufridos:

Pérdida de memoria a corto plazo: incapacidad para retener nueva información.

Pérdida de memoria a largo plazo: incapacidad para recordar información personal como el cumpleaños o la profesión.

Alteración en la capacidad de razonamiento.

Afasia: pérdida de vocabulario o incomprensión ante palabras comunes.

Apraxia: descontrol sobre los propios músculos, provocando, por ejemplo, que el paciente no pueda abrocharse los botones de una camisa.

Pérdida de capacidad espacial: desorientación, incluso en lugares conocidos.

Cambios de carácter: irritabilidad, confusión, apatía, decaimiento, falta de iniciativa y espontaneidad.

PREVENCIÓN

Realizar ejercicio físico: Hacer ejercicio regularmente, aparte de repercutir en el corazón, también lo hace en la salud neuronal. La actividad aeróbica puede está asociada al mantenimiento de la función cognitiva y al retraso del comienzo del Alzheimer, según estudio. En adultos sanos ayuda a disminuir el daño vascular cerebral y tiene efectos positivos en la capacidad de memoria, atención y la velocidad del procesamiento de la información.

Tener una dieta o alimentación saludable: Según la revista Archives of Neurology, la dieta mediterránea, por combatir entre otras cosas, el estrés oxidativo reduce los riesgos de padecer Alzheimer. Se recomienda el consumo de pescado al menos una vez por semana y evitar el consumo excesivo de alcohol.

Estimular el cerebro: Cada día tenemos oportunidad de aprender algo nuevo, hacer actividades que estimulen nuestra mente, aprender un nuevo idioma, alguna manualidad, juegos de mesa, lectura, crucigramas, ejercicios para la memoria, estas actividades fomentan la buena salud del cerebro pues mantienen la mente activa y producen menos deterioro cognitivo.

Cuidar la salud mental: Aquí no se trata solamente de estimular el cerebro, en este punto entran factores como por ejemplo: Dormir bien, mientras dormimos se activan mecanismos

necesarios para deshacerse de productos tóxicos del metabolismo cerebral, como la proteína amiloide beta, cuya alteración es clave en la enfermedad de Alzheimer. O sea, tenemos que aprovechar este momento del sueño para que el mismo sea reparador.

Además de una buena noche de sueño otro punto importante para cuidar de la salud mental es que tratemos de ser felices haciendo lo que nos guste. ¡Ser Feliz! Parece fácil, pero es triste ver que la apatía está presente en la mitad de las personas que padecen demencia (Investigación presentada en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer en Los Ángeles) pues la depresión y las enfermedades mentales están asociadas a una atrofia del hipocampo. Así que hay que hacer más por ser y estar Feliz.

Tener relaciones sociales saludables: “La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad” ya lo dice la frase… La autoestima y las actividades sociales están relacionadas con el mantenimiento del cerebro. Por esto se hace tan importante la integración social, sencillamente, las amistades nos aportan un plus de energía y optimismo a nuestra existencia, reduciendo el estrés del cotidiano.

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